IV DOMINGO DE CUARESMA

L A E T A R E

 

Tanto el Papa Francisco como el Papa emérito, Benedicto XVI llegaron a afirmar algo que muy pocos toman en serio: “El mundo moderno es capaz de dar diversiones, pero no de dar alegría”.  En este cuarto domingo de cuaresma muchos de ustedes se preguntarán: “¿Qué significa la palabra “laetare”? ¿Por qué en muchas iglesias el sacerdote hoy celebra no con ornamentos morados, sino rosados?”  Bueno, porque hoy, como el tercer domingo de Adviento, es el día de la alegría.  Así es, en este mundo en el que muchos tratan de ver a la Iglesia como una institución cansada que sólo “receta” a sus hijos obligaciones, dolor, sacrificios, renuncias y demás, ella es la única en dedicar dos días específicos al año (quizá más), a meditar acerca de la alegría que sólo puede dar la fe en Cristo.  Y es que ese es el mejor “mercadeo” que hoy podemos dar, los cristianos, a la fe en el Señor: el mundo moderno es capaz de darnos diversiones, pero no es capaz de darnos alegría.  No hay que engañarse, la alegría cristiana no consiste en no tener problemas.  Las dificultades siempre estarán allí esperándonos.  En este sentido sólo Jesús es capaz de afirmar: “Os he dicho estas cosas para que tengáis paz en mí.  En el mundo tendréis tribulación.  Pero ¡ánimo!: yo he vencido al mundo” (Jn. 15,33).  La alegría que da Jesús se recibe en medio de las dificultades y retos de la vida.  El gozo que da Jesús no es opio, no es huida, no son vacías ilusiones.  Menos aún evasiones y refugios estériles.  De hecho el ciego de nacimiento que se nos presenta en el Evangelio de la liturgia dominical, no es un evasivo.  Enfrenta su ceguera y por eso, es sanado por Jesús.  El cristiano que vive su fe en Jesucristo, la vive enfrentado diariamente dolores, injusticias, calumnias, luchas, discapacidades, rechazos, marginaciones, lágrimas, sacrificios.  Todo esto sabiendo que“…ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro ni las potestades, ni la altura ni la profundidad, ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm. 8,38-39). Nuestro grupo de jóvenes, el que con tanto entusiasmo trabaja en nuestra parroquia de San Pedro, lleva precisamente el tan atinado nombre de “LAETARE”.  De parte del p. Henry, párroco y de un servidor, ¡felicitaciones!, muchachos, ¡ánimo!, en el mundo tendrán luchas, pero ¡valor y confianza!, ¡Cristo ha vencido al mundo!  Estamos con ustedes.  Para que con vigor y con “Laetitia”, continúen anunciado a todos, especialmente a la juventud, que el mundo puede dar diversiones, pero que sólo Cristo es capaz de dar ALEGRÍA. ¡No nos dejemos arrebatar la alegría!

 

P. Alexander Quesada González

Vicario Cooperador